Acabo de leer un artículo que se está haciendo viral, con un titular que es un poema al autocompadeo: “En la era fitness, no estamos teniendo ganas de ser fitness”. Vaya, qué tragedia. Al parecer, la “precarización de la vida” y el “cansancio laboral” son los nuevos monstruos que te impiden levantar el culo del sofá. Pobrecito de ti. 🤡
El texto se lamenta de cómo el scrolleo infinito en Instagram nos bombardea con “cuerpos fitness, esculpidos, sudados, satisfechos”. Y claro, tú, “sentado encorvado frente a la compu” o “tirado en un sillón exhausto”, te sientes como un “enemigo” de tu propio cuerpo. ¿En serio? ¿Vas a culpar a las stories de otros por tu falta de acción? Esa foto de “Día ganado” no es un ataque personal, es un recordatorio de que alguien más sí tuvo las ganas que a ti te faltan.
La dulce sinfonía de las excusas
El artículo le da voz a Karen Paredes, que habla de una “lucha con el cuerpo por sostener una actividad física” que es “bastante angustiante”. Y sí, claro que es una lucha. Se llama disciplina. La vida es agotadora, el trabajo es un coñazo, el fin de mes te estresa. ¿Y qué? ¿Crees que eres el único? ¿Piensas que la gente que entrena vive en una burbuja de batidos de proteína y tiempo libre sin fin? No, simplemente han decidido que su salud vale más que una hora extra de lamentos.
Luego se meten en análisis culturales profundos, citando a María Inés Landa sobre el “dispositivo cultural del fitness” y cómo el mercado quiere cuerpos “ágiles, proactivos y flexibles”. ¡Noticia de última hora! Tener un cuerpo ágil y flexible te beneficia a TI, no solo a la malvada “industria”. O quizá prefieres el cuerpo rígido, sedentario y propenso a lesiones que te estás construyendo a base de poner excusas.
Despierta y huele las sales de amoníaco
Vamos a los datos fríos, que es lo que a mí me gusta. La Organización Mundial de la Salud (OMS), citada en el propio artículo, dice que el 31% de los adultos y un escandaloso 80% de los adolescentes no cumplen con los mínimos de actividad física recomendada. ¿Ochenta por ciento? No me hables de “cansancio mental”. Eso es pereza en estado puro. Es una epidemia de inacción justificada con palabrería filosófica.

