Vaya, vaya. Acabo de leer un titular en Mujerhoy donde el entrenador personal José Ruiz afirma que «la clave no es la banda en sí, sino el plan». Qué revelación tan profunda. En serio, ¿alguien pensaba que comprar una banda elástica de colores mágicamente te iba a esculpir el cuerpo mientras veías series en el sofá? Gracias por la obviedad, capitán.
Pero escúchame, porque aquí viene mi opinión, y no te la voy a adornar con lacitos. El señor Ruiz tiene razón... a medias. Y una verdad a medias es la mentira más elegante.
¿Un plan? Qué adorable. ¿Y ahora qué?
Un plan es fundamental, sí. Pero un plan, en sí mismo, no es más que un trozo de papel (o una nota en tu móvil) con una lista de buenas intenciones. Es como tener la receta de un pastel increíble pero no tener ni idea de cómo usar el horno, ni medir los ingredientes, ni saber si está listo.
José Ruiz dice, y cito, que para las mujeres de más de 50, el entrenamiento debe centrarse en «mantener autonomía, postura, fuerza y salud articular». ¡Aleluya! Por fin alguien que habla de funcionalidad y no solo de estética. Menciona trabajar glúteos, piernas, espalda, hombros y core. Perfecto. La lista de ejercicios que sugiere -sentadillas con banda, puente de glúteo, remos- es un buen punto de partida.
Pero aquí es donde su argumento se queda corto. ¿Y luego qué? ¿Haces esa lista de ejercicios una y otra vez, esperando que algo cambie? Qué ingenuo. Eso no es un plan, es una rutina. Y las rutinas sin progresión llevan al estancamiento.
El plan es el mapa, no el viaje
Si yo te doy un mapa, ¿ya llegaste a tu destino? No, ¿verdad? Necesitas moverte, tomar decisiones, seguir el camino y, lo más importante, saber si vas en la dirección correcta. Tu entrenamiento es igual.

